Cómo pueden los médicos empezar a hacer frente a los errores médicos

Los errores médicos son una realidad inevitable de la práctica clínica moderna. Pueden causar daños a los pacientes, erosionar la confianza e imponer cargas legales y operativas a los sistemas sanitarios. Para los médicos, sin embargo, el impacto suele ser intensamente personal: una conmoción inmediata, una repetición incesante de las decisiones clínicas y una sensación generalizada de que su competencia profesional o su identidad se han visto comprometidas. Muchos médicos se convierten en«segundas víctimas»: profesionales emocionalmente traumatizados por un acontecimiento o un error imprevisto del paciente. Este trauma suele ser minimizado o ignorado por las instituciones, que se centran en la exposición legal y la reparación de los sistemas, dejando a los médicos que se las arreglen solos. En todo el mundo, aproximadamente 1 de cada 10 pacientes sufre daños mientras recibe atención sanitaria -más de la mitad de los cuales podrían haberse evitado-, lo que subraya la magnitud del síndrome de la segunda víctima potencial en todos los entornos sanitarios.

En una encuesta reciente de la comunidad Sermo, casi el 80% de los médicos afirman haber experimentado una angustia emocional moderada o significativa tras un error médico o un resultado adverso para el paciente.

Este artículo examina con qué frecuencia y profundidad se ven afectados los médicos, las emociones que experimentan, por qué las respuestas institucionales a menudo se quedan cortas, y los pasos prácticos que pueden dar los médicos y sus compañeros para recuperarse, aprender y reconstruir la resiliencia profesional.

El riesgo de traumatismo tras un error médico

Los errores surgen en sistemas complejos en los que se cruzan procesos imperfectos, presión de tiempo, información incompleta y falibilidad humana. Incluso cuando la causa raíz se atribuye a vulnerabilidades sistémicas, los médicos suelen soportar la carga emocional. La trayectoria de la segunda víctima sigue un camino reconocible: caos y crisis inmediatamente después; reflexión intrusiva y repetición del suceso; búsqueda de apoyo para restablecerse; y, para algunos, resolución final e integración de las lecciones en la práctica futura.

Los propios médicos hacen hincapié en que la reflexión y la prevención son partes esenciales de la recuperación, como explica un ginecólogo obstetra en Sermo :

«La mejor práctica es aprender de los errores, pero también aprender cómo prevenirlos mejor en primer lugar. El análisis crítico de un error cometido, aunque no se produzca ningún resultado adverso, puede evitar que se repita.»

Los médicos pueden encontrarse con distintos tipos de errores médicos, como errores de diagnóstico, errores de medicación, complicaciones quirúrgicas y fallos de comunicación. Cada categoría conlleva riesgos únicos para los pacientes y consecuencias emocionales distintas para los médicos. Un médico generalista añadió con pragmatismo: «Es inherente a la profesión. El mejor escribiente comete un error. El hecho es que tratamos con seres humanos y con vidas, de ahí la responsabilidad del médico. En cualquier caso, hay que ser prudente y aprender de ello cuando se comete un error. Ánimo!»

¿Con qué frecuencia ocurre esto en la práctica?

Las estimaciones varían según el entorno y el diseño del estudio, pero las encuestas muestran sistemáticamente que una proporción significativa de médicos manifiestan una angustia duradera tras los acontecimientos adversos, y muchos recuerdan secuelas emocionales durante su carrera.

En una encuesta de Sermo en la que se preguntaba a los médicos cómo afectaba la experiencia de un error médico a su perspectiva profesional a largo plazo y a su enfoque de la práctica, el 24% respondió positivamente, que mejoraba su práctica mediante el aprendizaje reflexivo; el 52% respondió de forma mixta, con angustia inicial pero crecimiento profesional final; y el 21% informó de resultados negativos, como retrocesos emocionales o profesionales duraderos, o ningún cambio significativo.

Estas respuestas tan variadas ponen de manifiesto hasta qué punto el entorno influye en la recuperación. Un médico especialista en enfermedades infecciosas explicó que el apoyo es necesario porque todo el mundo comete errores, y añadió: «Por desgracia, existe un entorno tóxico en el que la gente piensa: ‘Si yo he tenido que pasar por esto, ¿por qué tú no? Cambiemos esta cultura tóxica».

El impacto profesional puede ser duradero. Los médicos pueden experimentar hipervigilancia, aumento de los pedidos o derivaciones (medicina defensiva), evitación de procedimientos o escenarios clínicos específicos y, en algunos casos, reducción de horas o abandono total de la práctica clínica. El trauma emocional se extiende hacia el exterior, disminuyendo la capacidad del equipo, erosionando la tutoría y empeorando la seguridad de los pacientes si los clínicos permanecen incapacitados o guardan silencio sobre los peligros.

Afrontar un error médico: estrategias de afrontamiento

Recuperarse tras un error médico requiere un enfoque estructurado de varios pasos: reconocer y validar el trauma, buscar apoyo inmediato de los compañeros, utilizar recursos profesionales de salud mental cuando sea necesario y centrarse en el aprendizaje sistémico para convertir el daño en mejora.

Reconocer y validar el trauma

El primer paso es el reconocimiento. Reconocer la experiencia como trauma y normalizar reacciones emocionales como el shock, la culpa, la vergüenza y los pensamientos intrusivos reduce el aislamiento. La autoinculpación es natural, pero rara vez proporcionada: los errores suelen surgir de las vulnerabilidades del sistema, más que de puros fallos individuales. La reflexión estructurada, en lugar de la rumiación, ayuda a contener la angustia y favorece la recuperación.

Un médico de medicina interna reflexionó: «Sé que, al fin y al cabo, los médicos somos humanos y cometemos errores. Creo que es importante recordar que debemos perdonarnos a nosotros mismos y aprender de nuestros errores para no repetirlos.»

Un médico generalista subrayó además: «El desarrollo de la resiliencia emocional es esencial para superar estas experiencias, ya que permite a los médicos reconocer los errores, aprender de ellos y seguir prestando una atención compasiva. Una mentalidad resiliente fomenta el crecimiento personal, favorece el bienestar mental y fomenta una cultura de transparencia y mejora dentro de los equipos médicos. Aunque los errores médicos son angustiosos, también pueden ser potentes catalizadores de la reflexión, la empatía y la mejora de la seguridad en todo el sistema cuando se abordan con resiliencia y apoyo.»

Busca apoyo inmediato de tus compañeros

El apoyo entre iguales es especialmente eficaz porque combina la credibilidad clínica con la confidencialidad. Los compañeros de apoyo formados proporcionan «primeros auxilios emocionales» confidenciales, ofreciendo validación y guiando a los clínicos hacia los siguientes pasos prácticos. Las instituciones que cuentan con programas formales de apoyo entre compañeros informan de mejores resultados clínicos y de una vuelta más rápida a la normalidad. Cuando no existen programas, los colegas seguros o las comunidades de médicos como Sermo pueden proporcionar espacios confidenciales para compartir, validar y planificar.

Como explicó un médico de medicina interna : «Es útil contar con compañeros y colegas en puestos de apoyo que puedan empatizar y también ayudar a reflexionar sobre cómo se cometió el error y las formas de evitarlo en el futuro.»

Un miembro de la comunidad Sermo y cardiólogo añadió: «Los errores médicos nos afectan profundamente. He sentido culpa y pena, pero la resiliencia creció gracias al apoyo de los compañeros, la reflexión y el aprendizaje. En todas partes se necesitan urgentemente sistemas de apoyo más accesibles y sin prejuicios.»

Utiliza recursos profesionales de salud mental

Cuando la angustia es intensa, persistente o va acompañada de insomnio, pánico o pensamientos de autolesión, debe intervenir un profesional de la salud mental. El asesoramiento, la terapia centrada en el trauma y los servicios de bienestar específicos para médicos aceleran la recuperación y reducen el riesgo de depresión o agotamiento.

Centrarse en el aprendizaje sistémico

Una mentalidad orientada al futuro cambia el autocastigo por la mejora del sistema. Las revisiones no punitivas deben identificar los factores que contribuyen al sistema, como el diseño del flujo de trabajo, la dotación de personal, la sobrecarga cognitiva o los traspasos deficientes, y aplicar medidas correctoras. Este replanteamiento ayuda a transformar el daño en mejoras duraderas de la seguridad y restablece el sentido, dando al suceso un propósito más allá de la vergüenza.

Un mecanismo clave para transformar la angustia individual en aprendizaje colectivo es la conferencia sobre Morbilidad y Mortalidad (M& M), una tradición arraigada en casi todas las especialidades. Estas conferencias constituyen un foro estructurado y no punitivo en el que los clínicos presentan casos de complicaciones, acontecimientos adversos o errores médicos. El objetivo no es culpar, sino compartir el escrutinio: examinar qué ha ocurrido, por qué ha ocurrido y cómo pueden prevenirse sucesos similares.

Qué significan para los médicos los errores médicos en la asistencia sanitaria

A nivel personal, los errores médicos imponen un dolor moral y, a menudo, una pérdida prolongada de confianza. A nivel profesional, cambian el comportamiento: más pruebas, más consultas, decisiones más lentas o evitación. Algunos médicos pivotan hacia el trabajo de seguridad del paciente, utilizando su experiencia para prevenir daños similares. Otros se retiran de las áreas de práctica de alto riesgo o abandonan por completo el trabajo clínico.

Como recordaba un médico en Sermo: «Cuando empecé mi primer trabajo como médico, era muy estresante aceptar el hecho de que podían producirse errores. Con el tiempo, empecé a hacer un análisis crítico y a colaborar con colegas experimentados para dar el mejor tratamiento a todos los pacientes y prevenir los errores que pudieran afectar a los resultados de los pacientes

Reconocer el efecto de segunda víctima es crucial para romper los ciclos de vergüenza. Los compañeros desempeñan un papel decisivo. Cuando reconoces a un colega que ha pasado por un acontecimiento adverso, tu respuesta importa:

  • Ofrece una escucha inmediata y sin prejuicios.
  • Proporciona apoyo práctico: cubre las consultas, ayuda con la documentación u organiza el tiempo libre.
  • Evita y desaconseja moralizar, cotillear o sacar conclusiones unilaterales sobre la culpabilidad.
  • Fomenta el uso de recursos institucionales de apoyo entre iguales y, si es necesario, de atención profesional de salud mental.
  • Haz un seguimiento durante días y semanas; el trauma no termina al cierre del turno.

Estos comportamientos reducen el estigma, facilitan la denuncia honesta y promueven una cultura de aprendizaje en lugar de una definida por la ocultación y el miedo.

Angustia emocional de los médicos al cometer un error médico

El panorama emocional tras un error es amplio, profundo y clínicamente significativo. Cada reacción tiene implicaciones tanto para el bienestar del médico como para la seguridad del paciente.

La encuesta Sermo sondeó los principales sentimientos experimentados por los médicos:

  • El 20% sintió culpa y vergüenza: Reacciones tempranas dominantes que impulsan el autorreproche persistente y minan la confianza.
  • Otro 20% sintió ansiedad y miedo a cometer errores en el futuro: Preocupación continua que perturba la concentración, el juicio clínico y la toma de decisiones.
  • El 18% sintió una pérdida de confianza: Erosión de la autoconfianza profesional, mermando el rendimiento y las funciones de supervisión.
  • El 6% se deprimió: Bajo estado de ánimo sostenido, retraimiento y pérdida de motivación que reducen la capacidad de atención al paciente.
  • El 5% experimentó aislamiento profesional: Evitación de los colegas y de las funciones docentes por miedo a ser juzgados o estigmatizados.
  • El 14% sintió pena o tristeza: Profunda pena por el daño causado al paciente y la disonancia entre la intención y el resultado.
  • El 13% se enfrentó a la ira o la frustración: Dirigida hacia uno mismo, los compañeros o los sistemas; puede catalizar la defensa o, por el contrario, dañar las relaciones.

Estas cifras reflejan tanto la inevitabilidad de los errores como la carga emocional que conllevan. Un dermatólogo reflexionó sobre la inevitabilidad de los errores, señalando: «Si no cometes errores no eres humano. Es mejor cometer esos errores al principio de tu carrera, para poder reflexionar sobre ellos a más largo plazo. También te da la oportunidad de reflexionar sobre esos errores cada vez que realizas el procedimiento, para no repetirlos.»

Otros destacan el dolor duradero que acompaña a los errores. Un neurólogo pediátrico hizo hincapié en las dolorosas consecuencias, afirmando: «El impacto de los errores médicos es siempre negativo. Aunque se puede aprender de ellos, siempre generan un sentimiento de culpa y dolor debido a sus consecuencias.»

Estas emociones suelen manifestarse físicamente -insomnio, cambios en el apetito, dolores de cabeza y dolor somático- y profesionalmente a través de una menor concentración, lentitud en los procedimientos y evitación de los casos complejos. Sin intervención, estos efectos pueden crear un ciclo peligroso: Los clínicos con deficiencias son más vulnerables a errores posteriores, lo que agrava la angustia y pone en peligro la seguridad del paciente.

Cómo las instituciones sanitarias no apoyan a los médicos tras los errores médicos

La mayoría de las organizaciones sanitarias reconocen que la seguridad del paciente es una prioridad, pero el apoyo institucional a los clínicos tras los acontecimientos adversos sigue siendo incoherente. Entre las deficiencias más frecuentes se incluyen:

  • Priorizar la responsabilidad sobre el bienestar del clínico.
  • No proporcionar apoyo emocional inmediato y confidencial.
  • Programas de apoyo entre iguales limitados o poco publicitados.
  • Investigaciones opacas o punitivas que aumentan la vergüenza y el miedo.
  • Acceso restringido a la atención sanitaria mental oportuna y tiempo protegido insuficiente para la recuperación.

Los datos de las encuestas subrayan la brecha entre las prioridades declaradas y la experiencia vivida. En una encuesta de Sermo, sólo el 15% de los médicos afirmaron haber recibido pleno apoyo de su institución tras un error. Otro 25% recibió algún apoyo, pero lo consideró inadecuado, mientras que el 27% declaró no haber recibido ningún apoyo. Casi un tercio (29%) no buscó apoyo, lo que refleja tanto el estigma como la falta de recursos accesibles.

Cuando se les preguntó qué tipo de apoyo habría sido más eficaz, los médicos señalaron el asesoramiento o la terapia formales (13%), los foros de apoyo entre compañeros (15%), las líneas anónimas de apoyo profesional (14%), el reconocimiento y la tranquilidad institucionales (23%), los recursos educativos sobre la gestión de las respuestas emocionales (14%) y las oportunidades estructuradas de reflexión y aprendizaje (17%).

Los propios médicos destacan las consecuencias de estas lagunas. Un médico generalista subrayó: «Sería importante disponer de un canal de notificación de estos sucesos para recibir una respuesta adecuada de los centros», mientras que un oftalmólogo dijo sin rodeos: «El apoyo debería ser obligatorio».

Otros señalan fallos sistémicos. Un médico de urgencias observó: «Es triste observar cómo el lugar de trabajo no asume sus responsabilidades en cuanto a la mala organización del trabajo, hasta el punto de que éstas pueden empeorar la labor de los médicos.» Y un médico de medicina interna advirtió: «En la profesión médica no se pueden evitar los errores. Lo que me preocupa es la falta de apoyo de las instituciones y los hospitales a los trabajadores sanitarios que sufren consecuencias psicológicas tras cometer errores.»

Cuando las instituciones responden de forma punitiva o invisible, los clínicos se retraen, ocultan los errores y evitan informar, acciones que socavan el aprendizaje y la seguridad. Una cultura justa en la que las organizaciones responsabilicen a los sistemas y traten a las personas con justicia reduce la culpa, fomenta la denuncia y apoya la recuperación. Los programas eficaces para segundas víctimas combinan el apoyo emocional inmediato, el acercamiento entre iguales, el acceso al asesoramiento, la comunicación clara sobre las investigaciones y el compromiso con el aprendizaje no punitivo. Estas medidas no sólo ayudan a los clínicos a curarse, sino que también reducen los errores médicos al fomentar la transparencia y la mejora sistémica.

Curar a los curanderos

Los errores médicos son inevitables en los sistemas asistenciales complejos, pero la carga emocional que soportan los médicos no debe quedar sin reconocimiento ni apoyo. Reconocer a los médicos como segundas víctimas replantea la respuesta de la culpa punitiva y el secretismo a la empatía, el aprendizaje y la mejora del sistema. Los médicos se recuperan mejor cuando reconocen el trauma, buscan el apoyo de compañeros de confianza, recurren a profesionales de la salud mental cuando es necesario y transforman la experiencia en una mejora sistémica. Las instituciones refuerzan la seguridad poniendo en marcha programas rápidos y confidenciales de apoyo entre compañeros, realizando investigaciones transparentes y no punitivas, y cultivando una cultura justa que dé prioridad al aprendizaje.

Para los médicos que buscan apoyo confidencial o colegas comprometidos a ayudar, las redes de compañeros son esenciales. Sermo ofrece una comunidad privada, sólo para médicos, en la que los clínicos comparten experiencias, validan sentimientos, intercambian estrategias de afrontamiento y se movilizan para reforzar los programas institucionales para segundas víctimas. La participación en estos espacios fomenta la solidaridad, potencia la defensa de políticas humanas y demuestra las respuestas compasivas que ayudan tanto a los médicos como a los pacientes a curarse.

Cada clínico tiene la responsabilidad de cuidar de sí mismo y de los demás. Cuando los médicos buscan ayuda y las instituciones responden con compasión y apoyo estructurado, el resultado es una asistencia más segura, unos clínicos más sanos y una profesión más resistente.